Historias del inframundo

Toni Benavente

Hace tiempo, nuestros antepasados utilizaban las cuevas como protección de animales salvajes y de las fuerzas de la naturaleza. Mirando estas cuevas se crea un enigma que aprovisiona de combustible la materia de leyendas, cuevas que aparecen insondables y que parecen extenderse hasta el mismo centro de la tierra. Durante muchos años, la espeleología ha ido recorriendo un largo camino entre el deporte y la ciencia, dos mundos realmente diferentes cuya fusión representa el sentido más amplio y profundo de una actividad enfocada al conocimiento del mundo subterráneo.

Croacia, donde centramos nuestra historia, está ubicada en una región de terreno kárstico donde hay una gran disolución de las rocas calizas, por ello existen en este país innumerables cuevas, de las cuales un gran número de ellas están aún por descubrir. Su entorno le confiere una posición privilegiada para esta actividad, que es una conjunción entre aventura e investigación.

Esta historia comienza cuando conocí a Gloria. La vi por primera vez en las pistas de pádel del pequeño pueblo donde yo vivía entonces, y a las que ella asistía cada tarde. Gloria era una chica alta, de hermosa figura y sonrisa indefinida. Su figura se mecía con tanto equilibrio que parecía bastar un soplo de aire para ponerla en movimiento. En sus mejillas había calidez y sus ojos eran grandes, oscuros y aterciopelados. Sus labios eran delicados, sensuales, dulces y parecían exhalar un calor y una fragancia propios de una flor.

Aquella tarde, una de las pocas en las que a mí se me podía ver por allí, ya que yo únicamente iba, más que por deporte, por hacer algo de vida social, me crucé con ella, y la miré muy fijamente a los ojos, propinándole una de mis penetrantes miradas, entonces ella, ante esta provocación tan indiscreta como aduladora, no pudo frenar el deseo de poder entablar algún tipo de conversación conmigo, y que mejor conversación que el deporte, ya que el lugar invitaba a ello, y así fue como después de cruzar algunas palabras sobre los gustos deportivos que teníamos cada uno de nosotros, descubrimos un gran vínculo entre los dos, la espeleología.

Decidimos sentarnos en una pequeña terraza del bar, adyacente a las pistas de pádel, para tomar un pequeño refrigerio. Ella decidió tomar una ensalada, la cual iba acompañada por una rica salsa de queso, muy conocida por los asiduos clientes del lugar, y la cual, al ser servida con muy poca gracia por parte del camarero, cayó sobre la limpia y ceñida camiseta técnica que Gloria llevaba puesta, deslizándose a su vez hasta su diminuta falda de pádel. Yo, muy gentilmente intenté con una pequeña servilleta de papel limpiar un poco todo aquel desastre culinario que había sido desparramado sobre ella, lo que acabó a su vez en un accidental y afortunado magreo sobre las partes íntimas de todo su cuerpo, ya que este acontecimiento acabaría culminando en la cama del humilde apartamento donde yo vivía, donde nos conoceríamos con más profundidad.

Gloria, me comentó que esa misma semana partiría hacia Croacia para llevar a cabo una emocionante expedición espeleológica a una de las muchas cuevas que aún quedaban por explorar en aquella zona, desde entonces ya no sabría nada más de ella durante un largo tiempo. Gloria recogió su cabello alborotado en una coleta que dejaba al descubierto un pirsin en forma de flecha en la parte superior de su oreja derecha, se enfundó en unos estrechísimos pantalones y me propinó un beso que jamás podré olvidar.

Transcurría el tiempo y no sabía nada de Gloria, el poco tiempo que estuve con ella no pude averiguar donde vivía o trabajaba, que amigos tenía o que lugares frecuentaba, y además, ella dejó de aparecer por las pistas de pádel. Creo que aquel beso de despedida que Gloria me regaló aquella tarde en mi apartamento, no solo marcó mi vida profundamente, sino que también parecía haberse convertido en el final de una corta pero intensa relación, desgraciadamente pronto comencé a pensar que la había perdido para siempre. Empecé a perder el interés por Gloria, haciéndome a la idea de que todo había sido un maldito sueño o que yo solo había sido un simple juguete de diversión para ella.

Seguía viviendo en mi pequeño apartamento completamente solo, eso sí, manteniendo relaciones esporádicas con Clara, una vieja amiga y compañera de aventuras espeleológicas, con la cual también, de vez en cuando mantenía relaciones sexuales.

La mayoría del tiempo lo pasaba leyendo en la biblioteca del pueblo, o paseando, deteniéndome la mayoría de veces en un café para pensar y cuestionarme que sería de mi futuro sin tener a Gloria a mi lado, hasta que un buen día, uno de mis compañeros espeleólogos me comentó una noticia sobre una expedición que se había llevado a cabo en Croacia y donde había desaparecido una tal Gloria, desde ese preciso momento, toda mi vida tomó un nuevo sentido, mi objetivo era encontrar a Gloria.

Y allí me encontraba yo, despidiéndome de mis compañeros espeleólogos que acamparían y se mantendrían a la espera justo en la entrada de la gran cueva, dejándome continuar solo en esta nueva expedición, ellos no bajarían conmigo esta vez, pero sí que me apoyarían desde la entrada en todo lo que pudieran. No se atrevían a entrar, habían oído historias demasiado espeluznantes sobre aquel lugar, tan espeluznantes como para no atreverse a bajar, aún con toda la experiencia que estos poseían. Nos encontrábamos en Croacia, en la entrada de una cueva donde había que ser muy valiente para aventurarse más allá de aquel punto, o como yo, tener una gran razón de peso. Esta cavidad era muy conocida por diversas desapariciones y también por leyendas sobre extraños seres que la habitaban, unos seres de color blanquecino que se movían muy sigilosamente por lo más recóndito y profundo de aquellas cavernas. Aun así, yo decidí adentrarme en aquella profunda y misteriosa cavidad e intentar en solitario, no solo un peligroso y largo descenso hacia el interior de una profunda y desconocida sima, sino también el posible y tal vez dificultoso rescate de Gloria.

Si Gloria aún vivía, seguramente se hallaría en poder de estas extrañas criaturas, después de desaparecer en la expedición en la que el resto de sus compañeros habían regresado sanos y salvos. Uno de ellos testificó haberla visto, a demasiada distancia para alcanzarla a tiempo, secuestrada, arrastrada a la fuerza por una criatura muy luminosa con cierta apariencia humana y muy rápida moviéndose. El resto del grupo la había buscado varios días antes de darse por vencido y regresar a la civilización, por ese motivo, todo el mundo coincidía en afirmar que, ahora, ya no había ninguna posibilidad de encontrar a Gloria con vida, todo el mundo menos yo, que inmediatamente después de haber escuchado la noticia, cogí el primer vuelo que pude desde Barcelona hasta Croacia, y nada pudo detenerme hasta llegar aquí.

Ahora descendía hacia las profundidades del infierno con todo aquel pesado equipo de espeleología donde una total oscuridad me iba absorbiendo poco a poco mientras descendía por aquella primera bajada de ochenta metros, la cual no parecía acabar nunca. Finalmente llegué a una gran repisa en la cual tendría que realizar una nueva instalación para poder seguir bajando, y una vez hecha, me colgué de nuevo con los aparatos de bajada, esta vez serían unos cuarenta metros aproximadamente. De repente, a unos pocos metros de mí, que era hasta donde mi vista podía alcanzar, divisé una monstruosa figura que no era totalmente humana, en ese momento, me quedé paralizado, ya no tenía tan claro si seguir bajando o intentar una rápida ascensión hasta alcanzar de nuevo la entrada de la sima, por muchos metros que hubiera. La figura se me acercó tan rápido, que casi no pude reaccionar, apreté tan fuertemente la palanca del aparato de bajada, que en unos pocos segundos ya me encontraba sobre otra nueva repisa. Ahora me hallaba al borde de un precipicio de infinitos metros de altura, ya que ni con una potente linterna que llevaba conmigo, podía apreciar el fondo de la caída. Tiré una barra de luz química hacia abajo, pero la luz se perdió en el vacío como si aquel precipicio no tuviera un final.

Solo me quedaban cien metros de cuerda y volví a hacer una última instalación para seguir bajando, me daba absolutamente igual si aquel tramo de cuerda no era lo suficientemente largo para llegar hasta el final, ya no me importaba nada, lo único que realmente me preocupaba era encontrar a Gloria, de hecho ni siquiera hice el nudo de seguridad en el cabo final de la cuerda, tiré la cuerda y seguí bajando por ella hasta que se acabó, entonces seguí cayendo a plomo, por mi propio peso, sin ningún tipo de seguridad, como si un bombardero hubiera abierto sus compuertas y me lanzara al vacío hasta llegar a mi objetivo de destrucción. Tuve la gran suerte que justo después de haberse terminado la cuerda, no quedaban muchos metros hasta llegar abajo, y la caída fue afortunadamente sobre agua, ya que caí en un pequeño lago interior. El lago no tenía mucha profundidad, pero el agua estaba realmente fría, por lo que me apresuré a salir de allí en cuanto pude. Cuando por fin logré salir de aquellas gélidas aguas y pude incorporarme para ver donde había caído, mis ojos fueron afortunados de poder ver toda aquella gran y enorme sala en la que ahora me encontraba. Era una sala amplia y absolutamente oscura en la cual no podía apreciar ningún límite concreto, me encontraba en medio de un vasto vacío. Por unos momentos, dejaron de preocuparme la búsqueda de Gloria o la extraña figura que pude contemplar justo antes de aquella apresurada como accidentada bajada, ya que ante mí tenía una inexplorada caverna en la zona más recóndita de Croacia, un lugar inexplorado y fantástico, todo un reto en el mundo de la espeleología, para mí era la expedición más emocionante de todas las que me habían llevado hasta ahora bajo la superficie.

Después de alegrar mi vista unos momentos con aquel hermoso paisaje subterráneo, decidí comenzar a caminar hasta hallar algo que no fuera solo aquel inmenso vacío de oscuridad, y después de largo rato caminando, por fin me tope con una pared, en la cual, después de otro largo rato de exploración, hallé una pequeñísima entrada que parecía que podría llevar hasta otra posible sala. Después de arrastrarme una media hora por aquella claustrofóbica gatera, en la que a veces se me hacía tan impenetrable que pensaba que allí acabaría el final de mi viaje, por fin se intuía una cierta amplitud por donde ya podía gatear en lugar de reptar como una serpiente. Ahora, conforme iba avanzado, aquel maldito paso cada vez se hacía más amplio, hasta el punto de convertirse en un confortable pasadizo por donde podía caminar tranquilamente, incluso, aunque parezca una locura, aquel pasillo parecía cada vez más una estructura artificial, las rugosas y húmedas paredes, por momentos se iban convirtiendo en lo más parecido a un túnel de metro, con paredes totalmente lisas, las cuales pareciesen haber estado tratadas con algún artefacto avanzado. Ya no sabía si aquello era real o simplemente era una ilusión posterior a algún desvanecimiento de mi cuerpo cansado, ya no lograba apreciar si aquello que estaba viviendo era real o un mero sueño.

Mi mente comenzaba a divagar, pensaba en los fines de cualquier misión espeleológica y de las disciplinas que la rodean, como lo son la biología o la geología, y que uno de los objetivos siempre eran el exploratorio o los estudios científicos que por ejemplo, podrían servir para abrir una puerta a la teoría sobre la vida en otros planetas. Pero esta expedición, nada tenía que ver con todo esto, aquí me encontraba yo, en lo más oculto del mundo, con un oficio no remunerado, nutrido más bien por la pasión, la curiosidad y el atrevimiento. El vencimiento del miedo es lo más importante que he tenido que enfrentar en más de una ocasión, pero esta vez, estaba viviendo una experiencia realmente impresionante, tanto, que había perdido la noción del tiempo y ya ni siquiera pensaba en la posterior salida de aquel extraño mundo negro, la envolvedora paz de la oscuridad y el silencio se habían apropiado de mi alma por completo.

Las incógnitas de todos aquellos rincones subterráneos todavía sin resolver, en los que encontraba más preguntas que respuestas, me hacían seguir hacia adelante e intentar descubrir todo lo que se escondía tras aquellos pasadizos bajo tierra, aunque esto implicara largas horas por caminos desconocidos, llenos de obstáculos y recovecos. No dejaba de pensar, para animarme a mi mismo, que a nivel mundial, las muertes de este tipo de expediciones eran poco frecuentes y que los incidentes de gravedad también eran escasos, entre ellos, el más frecuente era el de las caídas, que pueden ocurrir por fallos con cuerdas en descensos verticales complicados, pero que después de mi afortunada caída al agua, poco me preocupaban ya, y además llevaba una gran cantidad de agua y comida seca, como para pasar allí dentro algunos días, por lo tanto tampoco me preocupaba mucho todo el tiempo acumulado hasta ese momento.

Después de varias horas de recorrido, por lo que ya desde hacía un buen rato, se había convertido en un tubo totalmente esférico y de tres metros de diámetro, por fin llegué hasta lo que parecía una enorme puerta circular hecha por algún tipo de aleación metálica y brillante, donde no parecía existir ningún tipo de mecanismo o resorte destinado a la apertura de la misma. Al tocar aquella puerta, pude comprobar cómo mi mano entraba suavemente en lo que parecía una especie de gelatina, y como al retirarla, aquella materia volvía a su posición firme y normal. Después de aquella extraña, fría e inofensiva sensación, decidí seguir caminando, como si aquella puerta que había ante mi no existiera, y después de un par de pasos que me hicieron atravesar una redonda y húmeda puerta, llegué al otro lado, donde me esperaría todavía más galería tubular, pero esta vez ya no necesitaba la iluminación del frontal de mi casco, porque toda ella estaba iluminada por una cegadora luz que venía de lo que parecía el final de aquel infinito túnel.

Cuando por fin llegué a aquella posible salida, la cual daba a algún desconocido lugar que no parecía que tuviera nada que ver con la cavidad a la cual yo había entrado, quedé totalmente atónito, no podía dar crédito a lo que estaba viendo, pude contemplar algo similar a un cielo, un cielo con aves, pero totalmente limpio de nubes e iluminado por una y total radiante luz que procedía de lo más alto, pero que no era como el sol, sino que radiaba desde las alturas de aquel lugar, desde todos los ángulos. También podía contemplar un bosque, de hecho aquella apertura de la cual yo me disponía a salir estaba en aquel bosque, concretamente en una gran roca ubicada en mitad del bosque. Parecía ser un bosque normal, a no ser por el tipo de árboles que allí había, muy similares a las enormes coníferas del carbonífero. Era tal mi exaltación por lo que estaba viviendo en aquel momento, que no pude apreciar como alguien o algo se acercaba sigilosamente por detrás de mí y no sé de qué manera logró que perdiera el conocimiento sin propinarme ningún tipo de golpe y sin sufrir daño alguno.

Cuando desperté, seguía en aquella gran sala donde estaba el lago y también pude observar como una cuerda que colgaba del vacío llegaba hasta el suelo, antes de poder darme cuenta, alguien también despertaba muy cerca de mí, era Gloria, tan guapa como yo la recordaba, sin mediar palabra alguna, me abalancé sobre ella y la abracé muy fuertemente, como si no fuera a existir un mañana. Una vez en el exterior, supimos que había pasado un año después de nuestra desaparición, ninguno de los dos podía recordar nada de lo que había vivido allí dentro, ni de cómo habíamos subsistido sin provisiones ni agua potable, ni de porque despertamos juntos en aquella sala habiéndonos adentrado en diferentes expediciones, pero no sé porque, sí que teníamos una cosa muy clara, y es que jamás volveríamos a entrar en aquella cavidad e intentaríamos hacer todo lo posible para que nadie volviera a aquel lugar subterráneo.

Los espeleólogos dedicamos toda nuestra labor a las siguientes generaciones, para que nada de lo que hemos ido conociendo y descubriendo quede en el olvido, para que los futuros espeleólogos puedan encontrar en estos trabajos realizados, un punto de apoyo con el que seguir avanzando, sin devaneos, sin falsa nostalgia, sin reservas. Pero a veces es muy difícil explicar algo tan fantástico e increíble como lo vivido por mí y por Gloria en esta historia, que seguramente nadie creerá y menos por la falta de pruebas para poder demostrarlo, ya que no recordamos nada de todo lo que vivimos en aquel inframundo. Nada nos gustaría más, que saber que toda nuestra experiencia espeleológica ha servido para nuevos estudios que permitan ir desvelando este mundo, oculto a la luz pero tan impresionantemente hermoso.

Lamentablemente, toda esta historia llena de vivencias y aventuras ha de quedar en silencio, porque la ignorancia de este mundo del exterior jamás aceptaría la existencia de otro mundo dentro del suyo, por lo tanto para que este hermoso inframundo conocido por nosotros quede a salvo de esta terrible e invasora especie, que es la nuestra, lo mejor es el total olvido de lo vivido, para que ellos sigan existiendo, incluso después de que nosotros nos hallamos extinguido.