Análisis de un ser imperfecto

Toni Benavente

Es inaudito que en esta sociedad algunas personas cuenten con muchos recursos y otras con tan poco, nos fastidia ver el dolor y el hambre en el mundo, pero también sabemos que nosotros tenemos algo que ver con toda esta pobreza. Vivimos en un mar de opulencia donde nuestros hijos se aburren o no saben qué hacer con tanta tecnología y entretenimiento, pero no miramos más allá de nosotros mismos y yo me avergüenzo de todas estas actitudes que tenemos. Con lo que tiramos o con lo que nuestros hijos no quieren, muchos niños en el mundo tendrían para comer y beber.

También puedo hablar del maltrato a los animales, en la medida que ellos no tienen capacidad de defenderse. El maltrato animal es, a la vez, un factor que predispone a la violencia social y, al mismo tiempo, una consecuencia de la misma. Forma parte de la cascada de la violencia que nos va alcanzando a todos como individuos y como sociedad. Las corridas de toros, la caza, las peleas de gallos o perros, las granjas de explotación o la violencia gratuita. El maltrato animal tiene infinidad de modalidades y millones de víctimas sin voz.

Las guerras son una situación decididamente injusta, en especial para los miles de afectados que hay en cada una de ellas. La guerra supone el enfrentamiento directo de facciones armadas regulares o irregulares con un objetivo determinado, es la manifestación más violenta de un conflicto entre diferentes grupos humanos. Su origen puede ser el control político de un territorio, su población y sus recursos naturales, o el choque de diferentes ideologías o religiones. En los casos más extremos, la guerra persigue conscientemente la destrucción total del enemigo.

La discriminación o segregación de una persona o un grupo de personas por motivo de su color de piel, creencia religiosa, origen étnico, ideología política, género, inclinación sexual o discapacidad física entre otros, siguen siendo uno de los grandes problemas en esta sociedad, donde sistemáticamente se les niega el acceso a la educación, el trabajo, los servicios sanitarios y la participación política entre otras cosas. Toda esta injusta discriminación genera situaciones de desigualdad. La desigualdad es una consecuencia de la injusticia social. Genera situaciones en las cuales un grupo privilegiado controla, monopoliza o limita el acceso a la educación, al trabajo, a los servicios, a la atención sanitaria o a oportunidades de distinta índole.

La violencia de género es otra injusticia más que se caracteriza por estar dirigida hacia una persona o un grupo de personas debido a su sexo. En esta sociedad de tradición machista, la violencia de género afecta sobre todo a las mujeres. Son situaciones de violencia de género asaltos, violaciones, prostitución forzada, discriminación laboral, violencia física y sexual, castración, tráfico de personas, acoso y hostigamiento sexual. Puede ocurrir en cualquier ámbito de la vida, la casa o la vía pública, el trabajo o la escuela, y afecta negativamente el bienestar social, físico y psicológico de la persona que lo sufre.

La trata de personas, tráfico o comercio de seres humanos es considerada una práctica ilegal y penada a nivel internacional, y es llevada a cabo, sobre todo, por la delincuencia mundial organizada, otro grave problema que parece que no ve la mayoría de personas, quizás porque muchos lo utilizan en su propio beneficio, tanto a nivel laboral, físico o sexual. Por lo general, la trata de personas es para esclavitud laboral, mental, reproductiva; para explotación sexual o trabajos forzados; para extracción de órganos o cualquier otra forma de esclavitud que vaya en contra de la voluntad, el bienestar y los derechos de la persona. Millones de personas al año son víctimas de trata en el mundo.

También la explotación laboral supone la vulneración a distintos niveles y de maneras muy diversas de los derechos de los trabajadores. Sufren explotación laboral los trabajadores que sufren abusos, malos tratos o amenazas por parte de su empleador; que reciben en pago una cantidad inferior a la justa; que se encuentran en situaciones similares o iguales a la esclavitud.

La persecución a personas o grupos de personas pertenecientes a minorías étnicas, sexuales o religiosas. También constituye una grave injusticia social, pues supone una violación a las libertades individuales de las personas. Este tipo de comportamiento es típico de dictaduras o totalitarismos. Situaciones como persecución, tortura, trabajos forzados, discriminación, segregación, maltrato o estigmatización son ejemplos de injusticia social.

Los niños usados para actividades de índole militar o bélica suponen una forma de injusticia social extrema. Niños reclutados a edades tempranas son forzados a participar, bien como combatientes, bien en labores de apoyo, como mensajeros o vigías, en las guerras. En los casos más graves son utilizados como escudos humanos. Esta es una práctica de consecuencias nefastas: puede dejar secuelas físicas, como mutilaciones, desnutrición o enfermedades, así como secuelas psicológicas o morales.

El Estado debe respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de sus ciudadanos. Sin embargo, cuando este incumple de manera deliberada o no, sea por descuido o por omisión, genera situaciones de injusticia social preocupantes. En este sentido, constituyen violaciones a los derechos humanos el desalojo forzoso de personas de sus hogares, el hambre, la contaminación de las aguas, un salario insuficiente para llevar una vida digna, la negación de derechos fundamentales como el acceso a la información, a los servicios básicos o a la atención sanitaria; la segregación de individuos o minorías, generadora de exclusión en la escuela o el trabajo, entre muchas otras cosas.

Como ya hemos visto, son innumerables las injusticias que podemos cometer con nosotros mismos, violencia de género, niños soldados, persecución de homosexuales, trata de mujeres, explotación laboral, falta de investigación de enfermedades raras, maltrato animal, ablación, falta de inserción de discapacitados en el mundo laboral, violencia xenófoba, exterminio de minorías étnicas o religiosas, estigmatización de las enfermedades mentales, etc. Pero si todo esto no fuera poco, también podemos añadir todo el daño que estamos infringiendo al planeta que nos acoge y que si no fuera por su enorme hospitalidad, nosotros no existiríamos. Nos estamos cargando el planeta Tierra, en un proceso colectivamente criminal y en un atentado incalificable e insolidario contra las actuales y futuras generaciones. Porque la destrucción del planeta parece un hecho claro y objetivo y vivir de espaldas a esta realidad no va a hacer sino empeorar la situación. El cambio climático constituye la mayor amenaza medioambiental a la que se enfrenta la humanidad y sus consecuencias pueden ser devastadoras si no reducimos drásticamente la dependencia de los combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero.

¿De verdad que todos estos problemas e injusticias no te preocupan?

Observa a tu alrededor y agradece todo lo que te ha sido dado en esta transitoria vida. Eres afortunado teniendo mucho más de lo que necesitas para vivir feliz. No olvides ni ignores a tu hermano terrestre, a los seres vivos que te acompañan, y muchísimo menos al planeta que te acoge.

Hagamos un pequeño repaso sobre nuestra existencia en este planeta y reflexionemos hasta donde hemos llegado y cuanto queda de existencia en él.

Hoy en día la Tierra sigue siendo el único cuerpo celeste en el que se sabe fehacientemente que existe vida. La Tierra es el mayor de los planetas interiores y se creó como todos los planetas restantes del Sistema Solar, hace aproximadamente 4.600 millones de años. La historia de la humanidad se queda en un dato insignificante en comparación con la historia del origen de la Tierra. Mientras que la vida en nuestro planeta no llega a los 4.000 millones de años, la Tierra se remonta a más de 4.500 millones de años. Un tercio de vida si lo comparamos con los 13.700 millones de años que nos separan del Big Bang. Durante todo este tiempo, la Tierra ha sufrido grandes transformaciones que han ido dejando huella hasta nuestros días.

Pero hablemos de nuestro paso por ella, la Tierra. En algún punto de África hace al menos 4 millones de años, un homínido comenzó a caminar sobre su dos patas traseras. Se iniciaba así la cronología de la historia hacia el homo sapiens, una especie que se ha expandido por todos los rincones del planeta Tierra. Nuestra especie nació en África y fue desde el continente madre de donde partió hacia la colonización del resto del planeta. Durante los milenios posteriores a su salida de África, el ser humano vivió en pequeños grupos de cazadores recolectores. El cambio más importante en la historia de la humanidad se dio con el desarrollo de la agricultura. El control sobre las cosechas hizo que el ser humano dejara de ser un animal nómada y pasara a asentarse en lugares fijos. Este proceso no fue inmediato y se desarrolló durante siglos a lo largo del planeta. Estas primeras comunidades sedentarias humanas se fueron volviendo más complejas y numerosas. Las nuevas formas de vida requerían de organizaciones más complicadas y, como solución a estas necesidades, surgió la escritura. Desde este punto, termina la prehistoria y comienza la historia de la humanidad. Partiendo desde las ciudades, se fueron generando estructuras sociales y de poder con una mentalidad expansiva. Unas ciudades empezaron a imponerse sobre otras hasta formar grandes imperios que fueron la cuna de culturas cada vez más desarrolladas. Aunque fue un proceso que se dio de manera dispar a lo largo del mundo, los grandes imperios de la antigüedad se fueron desmembrando, dando lugar a estructuras más descentralizadas. La humanidad vivió durante siglos en una economía feudal, fundamentalmente agraria, hasta que el desarrollo tecnológico desbordó también a esta forma de vida. La revolución industrial de los siglos XVIII y XIX y las nuevas formas de pensamiento hicieron entrar en crisis al Antiguo Régimen. Los estados-nación se fueron imponiendo a lo largo del planeta, configurando el mundo en el que vivimos hoy en día.

Y una vez repasada toda nuestra historia acontecida en este planeta, he de decir que es un hecho incuestionable que algún día el ser humano desaparecerá como tal. No es ciencia ficción, es una realidad. Al igual que los dinosaurios, también nosotros dejaremos nuestro lugar en la naturaleza para que lo ocupen otros, o quizá sea el propio planeta el que desaparezca arrastrando a la humanidad con él. Ahora mismo el máximo peligro para la supervivencia del hombre es él mismo, con su necesidad de consumir cada vez mayores recursos, hasta agotarlos. La supervivencia del ser humano, hizo que fuéramos agresivos con nosotros mismos y con el propio planeta, convirtiendo directamente esta supervivencia en nuestra propia extinción.

Había una vez una especie que lo tenía todo para ser feliz. Un planeta lleno de dones para que nada faltase e inteligencia para convertir los recursos naturales en instrumentos útiles para su día a día. Algún día puede que otra especie hable de nosotros, los humanos, y de cómo no fuimos capaces de ponernos de acuerdo para cuidar nuestro hogar y proteger nuestras vidas.